El proyecto nació en 2001 gracias a Núria, Agustín y Estrella Cubillo, tres hermanos que hasta entonces trabajaban la uva para venderla a alguna de las grandes bodegas de la denominación Ribera del Duero.

Fue a partir de entonces, y tras darse cuenta del enorme potencial de su materia prima y especialmente del terruño de la Aguilera, su pueblo, cuando decidieron poner en marcha su proyecto personal. Para ello se pusieron primero a manos de la enóloga Sophie Khun, que llegó hace aproximadamente una década en la zona, y posteriormente de Toni Sarrión (de Bodegas Mustiguillo), al que le unía una amistad personal previa con Agustín Cubillo .

Toni llegó a Hacienda Solano en la vendimia de 2016 y, a partir de entonces, ha sido pieza clave en el devenir de la casa. Desde su llegada se ha renovado la imagen de los vinos de Hacienda Solano y también ha puesto su grano de arena en la concepción de los mismos, siempre respetando el día a día de Sophie en bodega.

Uno de los grandes tesoros de esta bodega es su ubicación, en una de las zonas más singulares de la Ribera del Duero. Se trata del entorno de La Aguilera, en la parte burgalesa de la DO, un subzona que no se vio afectada por la concentración parcelaria que sí tuvo lugar en otros lugares de la denominación. Se trata de una zona situada en altura, marcada por la frescura de su clima (mayor que en otras partes de la región) y por la edad de las mismas, algunas de las cuales llegan a superar los cien años.

La bodega, que no cuenta con certificación oficial de viña ecológica, trabaja pero siguiendo todos los preceptos de la agricultura ecológica. La viña se cuida sólo con caldo bordelés para evitar enfermedades en la planta, y en bodega el manejo del azufre es muy limitado, buscando de esta manera vinos que señalen al máximo posible el suelo y la variedad.

La bodega clasifica sus vinos en función de la edad de los viñedos de los que proceden. Así, su Selección se concibe a partir de una selección de viñedos de al menos 30 años de edad, su Viñas Viejas procede de cepas con más de 60 años, y sus vinos parcelarios (Finca Peña Lobera y Finca Cascorrales) proceden de viñedos de más de cien años de antigüedad.

La bodega, prácticamente de garaje, apenas elabora 25.000 botellas al año y representa la visión más artesanal y natural de la Ribera del Duero.